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Report August 11, 2026 • 12:28 pm ET

Mapeo de la inversión estadounidense en América Latina y el Caribe

By Jose Antonio Gonzalez Anaya, Martin Cassinelli

Lo esencial primero

  • Se sabe mucho sobre las inversiones de China en América Latina y el Caribe (ALC), pero se sabe menos sobre dónde invierte el mayor inversor de la región —Estados Unidos— y qué impacto tienen sus dólares.
  • Un nuevo análisis de la inversión estadounidense en la región muestra un perfil heterogéneo que abarca los sectores de la energía, la infraestructura digital, la manufactura y los servicios, y que se concentra principalmente en México, Brasil y Guyana, con una tendencia creciente hacia la inversión en energía y en el sector digital en los últimos años.
  • La inversión estadounidense genera más empleos por cada dólar invertido en América Latina y el Caribe que las inversiones de otros países, financia más actividades de investigación y desarrollo en la región, establece vínculos con empresas locales a lo largo de toda la cadena de suministro y transfiere las mejores prácticas de gestión a la fuerza laboral local.

Prólogo

Durante dos décadas, Estados Unidos ha sido el mayor inversionista extranjero de América Latina y el Caribe, una relación construida sobre cadenas de suministro manufactureras, alianzas energéticas y un vínculo comercial cada vez más profundo. Hoy, esa relación se encuentra en un momento decisivo. A medida que se intensifica la competencia global por el capital y que los rivales geopolíticos buscan ampliar su presencia en la región, comprender hacia dónde ha fluido realmente la inversión estadounidense —y qué ha generado de forma directa e indirecta— importa más que nunca.

Con esto en mente, el Adrienne Arsht Latin America Center emprendió este estudio, mapeando dos décadas de datos sobre la inversión estadounidense en toda la región para construir una base de evidencia que, hasta ahora, había sido en gran medida pasada por alto en esta conversación y que, esperamos, pueda catalizar la próxima generación de flujos de inversión estadounidense.

Este informe refleja el resultado de ese esfuerzo. Mapea hacia dónde ha ido la inversión estadounidense, evalúa su impacto positivo en las economías locales y la compara con la inversión de los competidores geopolíticos de Estados Unidos. Para los responsables de políticas públicas estadounidenses, ofrece una base adicional para diseñar una diplomacia económica hacia América Latina que esté alineada con el llamado de la Estrategia de Seguridad Nacional a sumar y ampliar los socios de Estados Unidos en todo el hemisferio. Para los gobiernos de la región, ofrece las herramientas para reconocer el valor de la inversión estadounidense y los argumentos para actualizar las políticas públicas con el fin de atraer más de ella. Las empresas que estén evaluando posibles inversiones en América Latina y el Caribe deberían utilizar estos hallazgos para reforzar los argumentos a favor de dirigir capital hacia la región.

Es nuestro deseo que este informe sirva no solo como base para una formulación de políticas más inteligente, sino también como catalizador para profundizar las alianzas económicas y estratégicas de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental.

Jason Marczak, vicepresidente y director sénior,
Adrienne Arsht Latin America Center, Atlantic Council

Índice

Resumen ejecutivo

Estados Unidos es y sigue siendo el mayor inversionista extranjero en América Latina y el Caribe (ALC) según múltiples indicadores. A lo largo de las últimas dos décadas, ningún otro país se ha acercado a igualar la escala, la amplitud ni la consistencia de la participación del sector privado estadounidense en la región. La inversión extranjera directa (IED) greenfield de Estados Unidos promedia 28.700 millones de dólares al año, con un perfil de inversión heterogéneo que abarca energía, infraestructura digital, manufactura y servicios.

Sin embargo, a partir de los intereses estadounidenses establecidos en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 de sumar y ampliar socios en todo el hemisferio, existen brechas en la manera en que la lógica de mercado ha orientado la inversión estadounidense.

La minería es el ejemplo más evidente. La inversión greenfield estadounidense en el sector minero de ALC es limitada, con un promedio de apenas 200 millones de dólares al año entre 2020 y 2024, mientras que China invierte veinte veces más en el sector. Y aproximadamente el 70 por ciento de la IED greenfield estadounidense desde 2020 ha fluido hacia solo tres economías: México, Brasil y Guyana. Medida en relación con el tamaño de las economías receptoras, la intensidad de la inversión estadounidense ha disminuido en países estratégicamente importantes y ricos en minerales como Argentina, Chile y Perú.

No obstante, Costa Rica demuestra que las economías pequeñas con estrategias deliberadas y específicas por sector pueden atraer inversión estadounidense a intensidades que rivalizan con mercados mucho más grandes, ofreciendo un modelo replicable para el resto de la región.

Lo que hace que la inversión estadounidense sea claramente valiosa es su calidad. La IED greenfield estadounidense genera un 65 por ciento más de empleos por cada mil millones de dólares que la inversión china y un 22 por ciento más que la inversión europea, lo que la convierte en el capital más productivo en términos de empleo disponible para la región. Más allá del empleo, la concentración singular de las empresas estadounidenses en sectores intensivos en conocimiento genera una difusión positiva de la innovación en toda ALC, y ningún otro inversionista extranjero destina una mayor proporción de capital a la investigación y el desarrollo en la región que Estados Unidos.

Pero no hay lugar para la complacencia. China gana terreno de forma sistemática en sectores estratégicamente sensibles. En la manufactura automotriz, China ha alcanzado por primera vez una paridad efectiva de inversión con Estados Unidos. En infraestructura logística, China ha demostrado la capacidad de superar a Estados Unidos cuando surgen oportunidades, como lo ilustra el Puerto de Chancay en Perú. En minería, China ya lidera por un factor de veinte. Y en 2025, mientras la IED greenfield estadounidense hacia ALC cayó significativamente, una sola empresa china anunció una inversión de 40.000 millones de dólares en un centro de datos en Brasil —12.000 millones de dólares más que el promedio anual estadounidense en ALC durante dos décadas—, lo que demuestra la capacidad de China de competir dólar por dólar con la inversión estadounidense en el ámbito digital, donde las empresas estadounidenses han sido históricamente más fuertes.

La ventaja en calidad de la inversión estadounidense es real, pero sostenerla requiere acciones deliberadas por parte del gobierno de Estados Unidos y de los gobiernos de ALC. El gobierno de Estados Unidos debería impulsar políticas para movilizar inversión estratégica hacia las economías desatendidas, incentivar el desarrollo de cadenas de valor de minerales críticos en ALC y proteger el liderazgo estadounidense en infraestructura digital en el hemisferio. Los gobiernos de ALC, por su parte, deberían adoptar políticas específicas de atracción de inversión para captar los flujos que la lógica de mercado por sí sola no dirigirá hacia ellos. La ventana de oportunidad está abierta, pero no permanecerá abierta de forma indefinida.

Introducción

América Latina y el Caribe, como región, alberga vastos recursos naturales, una fuerza laboral joven y en crecimiento, y mercados de consumo en expansión. También cuenta con una posición geográfica estratégica y, sin embargo, sigue siendo una de las economías con peor desempeño del mundo en relación con su potencial. Las proyecciones de crecimiento regional del Banco Mundial para 2025 estiman que ALC crecerá apenas un 2,3 por ciento, por detrás de África subsahariana, Asia meridional, y Asia oriental y el Pacífico.1Banco Mundial, Economic Outlook. Un obstáculo importante ha sido la inversión, que, con aproximadamente un 20 por ciento del producto interno bruto (PIB) regional, ha tenido histórica y consistentemente un desempeño inferior al de la mayoría de las regiones en desarrollo desde 1980.2OCDE, “Assessing the Socio-Economic Impact.” Este lento ritmo de crecimiento refleja un potencial no sin alcanzar en sectores estratégicos.

Para Estados Unidos, la trayectoria económica de América Latina es un asunto de interés nacional. La Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) estadounidense de 2025 lo expresa de forma explícita, al señalar que Estados Unidos debe fortalecer las cadenas de suministro críticas en este hemisferio para reducir dependencias e incrementar la resiliencia económica estadounidense, y que los vínculos creados entre Estados Unidos y sus socios serán mutuamente beneficiosos.3Casa Blanca, National Security Strategy, 2025. La participación económica estadounidense en forma de inversión también puede ayudar a cerrar la brecha histórica de inversión de ALC. En términos prácticos, esto significa que el desarrollo económico de América Latina y la salud de los flujos de inversión estadounidense hacia la región son inseparables de los intereses estratégicos de Estados Unidos, tanto internos como externos.

Sin embargo, pese a todo el peso que estos lazos depositan en la inversión estadounidense en la región, existe una llamativa brecha en nuestra comprensión de ella. Durante la última década, académicos, centros de pensamiento y responsables de políticas públicas han desarrollado un sofisticado cuerpo de investigación sobre los patrones de inversión de China en América Latina y el Caribe, documentando sus canales, su concentración sectorial, sus estructuras de financiamiento y sus implicaciones geopolíticas. No puede decirse lo mismo de la inversión estadounidense. Existe poco análisis sistemático sobre hacia dónde ha fluido el capital estadounidense en la región, qué sectores ha priorizado y qué impacto ha generado. Sin esta comprensión, resulta difícil para los responsables de políticas públicas estadounidenses evaluar qué políticas están funcionando, dónde existen brechas y cómo diseñar estrategias más eficaces de cara al futuro.

La brecha de conocimiento importa por igual del lado latinoamericano. Los gobiernos de la región que buscan atraer y aprovechar la inversión extranjera necesitan una imagen clara de cómo fue la inversión estadounidense a lo largo de dos décadas (2003-2025, para ser precisos), qué sectores se han beneficiado y cuáles han quedado al margen. Ese conocimiento es fundamental para diseñar políticas de promoción de inversiones, marcos regulatorios y estrategias de vinculación bilateral más inteligentes.

El marco analítico de esta evaluación se basa en la Iniciativa de Calidad de la IED (FDI Qualities Initiative) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que ha producido la evidencia más rigurosa disponible sobre el impacto de la inversión extranjera en el desarrollo de ALC, con especial énfasis en los inversionistas de la UE. En la segunda parte, este informe aplica una óptica comparable a la inversión estadounidense, utilizando datos originales de IED greenfield a nivel de proyecto para evaluar las mismas dimensiones de la calidad de la inversión: generación de empleo, encadenamientos productivos y externalidades de innovación. Además, se apoya en nuestro propio análisis de transacciones individuales de IED y en consultas con expertos en atracción de inversiones.

El panorama general: Mapeo de la inversión estadounidense en ALC

Canales de inversión y metodología

La inversión extranjera directa fluye a través de tres canales principales: la IED greenfield, que crea nueva capacidad productiva mediante nuevas instalaciones o ampliaciones; las fusiones y adquisiciones, que transfieren la propiedad de activos existentes; y las utilidades reinvertidas, mediante las cuales las ganancias de operaciones ya establecidas de propiedad extranjera se reinvierten localmente. De los tres, la IED greenfield es la que se asocia de forma más directa con la formación de nuevo capital, la creación de empleo y la transferencia de tecnología, lo que la convierte en el indicador más informativo sobre hacia dónde se está dirigiendo la nueva inversión productiva estadounidense. Los datos de fusiones y adquisiciones reflejan cambios de propiedad más que nueva capacidad, y las utilidades reinvertidas, si bien significativas en volumen, son difíciles de rastrear de forma consistente entre países, ya que las estadísticas oficiales las miden de manera diferente según el país.

Este informe se basa en la base de datos fDi Markets del Financial Times, que registra los compromisos anunciados a nivel de proyecto con un detalle consistente sobre país de origen, país de destino, sector, gasto de capital y empleos creados. Dado que fDi Markets capta anuncios más que la llegada efectiva de capital, mide los flujos de IED esperados en lugar de los realizados. No obstante, su granularidad a nivel de proyecto permite comparaciones entre países y entre sectores que las estadísticas oficiales de IED no hacen posibles.

A lo largo del análisis, ALC comprende a Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia y Perú (ALC 6) de forma individual, junto con Centroamérica y la República Dominicana, y el Caribe como bloques regionales. Guyana se trata por separado en todo el informe, dado que sus cifras de inversión impulsadas por el petróleo son analíticamente distintas y, de otro modo, distorsionarían los agregados regionales más amplios.

La inversión greenfield estadounidense en América Latina y el Caribe (véase la figura 1) ha sido la mayor de cualquier país individual a lo largo de las últimas dos décadas, con un promedio de 28.700 millones de dólares al año entre 2003 y 2025, una posición que ningún otro país ha estado cerca de arrebatarle.4En todo el informe se utilizan valores en dólares constantes de 2025.

La historia no es de crecimiento lineal. Los flujos de IED greenfield estadounidense han sido volátiles año tras año, moldeados por los ciclos globales de materias primas, las crisis financieras y las cambiantes prioridades sectoriales. El período pospandemia, no obstante, marca una clara aceleración. Entre 2020 y 2025, la inversión estadounidense promedió 32.900 millones de dólares al año en dólares constantes de 2025, muy por encima del promedio de largo plazo de las dos décadas anteriores. Dos años destacan como picos excepcionales: 2022 y 2024, cuando la IED greenfield anual estadounidense alcanzó 46.900 millones y 43.200 millones de dólares, respectivamente, ambos máximos históricos en el conjunto de datos. Estos repuntes fueron impulsados por importantes compromisos en proyectos energéticos, anuncios de manufactura automotriz vinculados al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), y la aceleración de las inversiones en centros de datos por parte de las hiperescaladoras estadounidenses (es decir, operadoras de enormes centros de datos) en toda la región.

En comparación, China es la que ha crecido más rápido desde la base más pequeña. En la mayoría de los años previos a 2019, la inversión china se mantuvo de forma consistente por debajo de los 7.000 millones de dólares. Su trayectoria pospandemia es particularmente notable. Desde los 4.000 millones de dólares en 2020, la IED greenfield china creció hasta los 20.300 millones en 2023, antes de moderarse a 8.800 millones en 2024, lo que representa un aumento promedio del 70 por ciento anual entre 2020 y 2025. Los datos de 2025, sin embargo, introducen un valor atípico significativo: China registró 46.000 millones de dólares ese año, impulsados casi en su totalidad por el anuncio de ByteDance de una inversión de 40.000 millones de dólares en un centro de datos en Brasil. Este único proyecto, de la empresa matriz de TikTok, representa la gran mayoría del total chino de 2025 y debe interpretarse como un compromiso excepcional y no como evidencia de un cambio estructural amplio en los patrones de inversión de China. Ese mismo año, la IED greenfield estadounidense cayó a 19.300 millones de dólares, un descenso que probablemente refleja la incertidumbre que enfrentaron las empresas estadounidenses al lidiar con las nuevas políticas arancelarias.

Así, sigue siendo evidente que el capital privado estadounidense ha sido y continúa siendo la fuerza dominante en la inversión extranjera greenfield en toda la región. No obstante, la IED greenfield de China se ha triplicado aproximadamente desde 2020, y grandes empresas chinas han demostrado capacidad para igualar y superar la inversión estadounidense en la región de ALC. Para los responsables de políticas públicas estadounidenses, esta trayectoria es a la vez una validación y una advertencia: el capital privado estadounidense ha mantenido su posición como la fuerza dominante en la inversión en ALC, pero la presión competitiva de las empresas chinas en sectores estratégicamente importantes va en aumento. Para los gobiernos de ALC, indica que el panorama del capital extranjero disponible se está diversificando, lo que hace aún más importante comprender qué ofrece específicamente la inversión estadounidense.

La distribución geográfica de la IED greenfield estadounidense sigue una lógica clara (véase la figura 2). En números absolutos, México y Brasil por sí solos absorbieron el 63 por ciento de toda la IED greenfield estadounidense desde 2003, y al añadir a Guyana esa cifra asciende a aproximadamente el 70 por ciento, una concentración importante de los flujos de inversión. Brasil y México atraen inversión que busca mercados y, en el caso de México, inversión orientada a la eficiencia, impulsada por el tamaño del mercado, el poder adquisitivo, la proximidad con Estados Unidos y el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Guyana atrae inversión que busca recursos naturales, ya que los descubrimientos de petróleo en aguas profundas han atraído importantes compromisos energéticos estadounidenses que superan con creces el tamaño de su economía. El capital privado estadounidense, en términos absolutos, va donde lo dirige la lógica de mercado, y esa lógica lo concentra en grandes mercados y economías de recursos. La pregunta estratégica para Washington es si ese resultado es suficiente para alcanzar el objetivo de la ESN de profundizar alianzas y sumar aliados en todo el hemisferio, o si los instrumentos gubernamentales deben complementar los flujos de capital privado para llegar a países que los mercados por sí solos no priorizarán.

Medir la inversión estadounidense en relación con el tamaño de las economías receptoras ofrece una imagen más completa (véase la figura 3). Durante la última década, dejando de lado el valor atípico de Guyana impulsado por el petróleo, Costa Rica recibió una inversión greenfield estadounidense equivalente al 0,99 por ciento de su PIB anual entre 2016 y 2025, la más alta de la región, seguida por México con un 0,79 por ciento.

Pero para varias economías estratégicamente relevantes, la IED greenfield estadounidense representa una proporción cada vez menor de sus economías. Países ricos en recursos como Perú registraron la caída más clara entre ambas décadas, y Argentina y Chile también, en menor medida. El propio Brasil, a pesar de sus volúmenes absolutos, recibió una inversión equivalente a apenas el 0,27 por ciento del PIB, por debajo del promedio regional de ALC del 0,48 por ciento.

Para los gobiernos de ALC, el caso de Costa Rica demuestra que son las estrategias deliberadas y específicas por sector —y no el tamaño de la economía— las que determinan la intensidad de la inversión. Costa Rica siguió una política industrial deliberada, a lo largo de décadas, diseñada para atraer inversión estadounidense en manufactura de alto valor (en particular, dispositivos médicos). Las economías más pequeñas que construyen las condiciones adecuadas pueden atraer inversión estadounidense a escalas económicamente significativas. Para Washington, este panorama —al medir la inversión en relación con el tamaño de cada economía— revela una preocupación distinta: varios países estratégicamente relevantes para los intereses hemisféricos de Estados Unidos, como Perú, Chile y Argentina, reciben niveles de inversión privada estadounidense muy inferiores a los que su importancia estratégica justificaría. Una brecha que el mercado, por sí solo, difícilmente cerrará.

Cambios sectoriales en los flujos de inversión estadounidense

Las empresas estadounidenses invierten en una amplia gama de sectores en ALC, lo que produce un perfil de inversión heterogéneo que, no obstante, ha cambiado de maneras importantes a lo largo de las últimas dos décadas (véase la figura 4).

El sector energético ha experimentado la transformación más drástica. Durante la mayor parte de la década de 2000 y comienzos de la de 2010, la inversión en energía promedió alrededor de 6.000 millones de dólares al año. A partir de 2019 se aceleró marcadamente, hasta duplicarse a un promedio de 12.600 millones de dólares entre 2020 y 2024 y alcanzar un máximo de 18.900 millones en 2024. Este repunte refleja una concentración de compromisos petroleros y gasíferos de gran escala, en particular en Guyana, así como una creciente inversión en energías renovables en Brasil y México. La energía pasó de ser un sector secundario a convertirse en el principal motor de nuevo capital estadounidense en la región.

La trayectoria ascendente de la inversión digital ha sido más gradual. Desde alrededor de 4.000 millones de dólares al año a mediados de la década de 2000, creció de forma sostenida hasta promediar 8.500 millones entre 2020 y 2024, y alcanzó los 10.400 millones en 2024, a medida que las hiperescaladoras estadounidenses, entre ellas Microsoft y Amazon Web Services, aceleraron sus compromisos en centros de datos e infraestructura en la nube en toda la región. En conjunto, la energía y lo digital definen hoy la vanguardia de la nueva inversión estadounidense en ALC. Sin embargo, como se mostrará más adelante, esta concentración, aunque significativa en términos de capital, no ha desplazado a la manufactura y los servicios como los principales motores del empleo generado por la inversión estadounidense en ALC, ya que esos sectores siguen siendo mucho más intensivos en mano de obra por cada dólar invertido.

La manufactura fue el sector dominante a finales de la década de 2000 y comienzos de la de 2010, con un máximo de 18.500 millones de dólares en 2010, antes de entrar en un largo declive estructural. El promedio entre 2020 y 2024 fue de 8.100 millones de dólares al año, una caída del 34 por ciento respecto a su promedio del período anterior. La desaceleración se ha concentrado en la manufactura automotriz; los alimentos y bebidas y los dispositivos médicos se han mantenido relativamente estables. Esto refleja una desaceleración en los nuevos compromisos de manufactura y no un retiro de las operaciones existentes: las fábricas construidas en años anteriores siguen produciendo y empleando trabajadores, independientemente de que lleguen o no nuevos anuncios de capital. Los servicios se han mantenido constantes a lo largo del período, con un leve descenso desde un promedio de 4.600 millones de dólares entre 2005 y 2009 a un promedio de 3.900 millones entre 2020 y 2024. Pese a su importancia estratégica, la minería sigue siendo el macrosector más insignificante en todo el período.

Lo que hace de Estados Unidos el mayor inversionista extranjero en ALC es precisamente la amplitud de sus inversiones entre sectores a lo largo de un período prolongado. El giro más reciente hacia los anuncios en energía y en lo digital es, en términos generales, coherente con las prioridades de seguridad nacional en esas áreas, pero la desaceleración en la manufactura y la minería plantea interrogantes sobre si el capital privado estadounidense está fluyendo hacia los sectores que más importan para la seguridad de las cadenas de suministro hemisféricas.

Las rutas y los flujos de las inversiones estadounidenses y chinas

Comparar el giro estadounidense con la postura inversora de China, su principal competidor geopolítico, revela dos inversionistas que siguen trayectorias similares en los países que priorizan (véase la figura 5). Sin embargo, la similitud desaparece al observar la composición sectorial y el volumen de IED greenfield (véase la figura 6).

Al igual que Estados Unidos, la IED greenfield de China fluye hacia las mayores economías de ALC: Brasil es el receptor más constante a lo largo de las últimas dos décadas y, si bien México recibió poco en los primeros años (del período analizado), ha atraído una inversión sólida y sostenida desde 2020. Lo que distingue al perfil de inversión de China en ALC (en comparación con el perfil estadounidense) es la importante contribución en países ricos en minerales como Perú y Argentina. Esto también se refleja en la distribución sectorial y el volumen de la inversión china.

La IED greenfield china en ALC fue modesta y relativamente estable durante la mayor parte de la década de 2000 y comienzos de la de 2010, con un promedio de apenas 1.500 millones de dólares al año en todos los sectores entre 2005 y 2012. La aceleración posterior a 2020 es el rasgo definitorio de la historia de inversión de China en la región: el promedio móvil total casi se triplicó, de 5.500 millones de dólares en 2020 a 13.100 millones para 2024. Dentro de esa aceleración, dos sectores impulsan casi todo el crecimiento.

La minería se disparó de un promedio de 1.400 millones de dólares al año entre 2005 y 2012 a 2.900 millones entre 2020 y 2024, con un máximo de 5.700 millones (sobre la base del promedio móvil) en 2023. Esta es la expresión más clara de la estrategia orientada a los recursos de China en ALC. La manufactura también creció de forma significativa, al pasar de 1.300 millones de dólares al año entre 2005 y 2012 a 3.400 millones entre 2020 y 2024, cuando alcanzó los 5.200 millones. La inversión automotriz impulsó este crecimiento, en particular a medida que los fabricantes chinos de vehículos eléctricos (VE) ampliaron su capacidad en Brasil y México.

Lo que conviene vigilar es un posible giro de China en su estrategia de inversión. En 2025, ByteDance anunció una inversión de 40.000 millones de dólares en un centro de datos en Brasil, con lo que el sector digital se convirtió ese año en el mayor de China en ALC. Si esto refleja una decisión estratégica deliberada de las empresas tecnológicas chinas de construir infraestructura digital a gran escala en ALC, podría anticipar una verdadera reorientación del perfil de inversión de China hacia el ámbito digital, donde las empresas estadounidenses han sido históricamente más fuertes.

En el sector manufacturero, las trayectorias de inversión estadounidense y china en ALC han convergido marcadamente. La inversión manufacturera estadounidense (sobre la base del promedio móvil) cayó un 34 por ciento respecto a su promedio del período anterior. En ese mismo lapso, la manufactura china creció un 166 por ciento, impulsada principalmente por sus fabricantes de VE. Entretanto, la inversión minera china creció de un promedio móvil de 1.400 millones de dólares al año entre 2005 y 2012 a 2.900 millones entre 2020 y 2024, con un máximo de 5.700 millones en 2023. La inversión minera estadounidense, en cambio, nunca ha superado los 500 millones de dólares (sobre la base del promedio móvil) en ningún año de todo el período, con un promedio de apenas 200 millones entre 2020 y 2024, más de veinte veces por debajo del nivel de China en esos mismos años.

En momentos en que Estados Unidos llama explícitamente a fortalecer las cadenas de suministro críticas en el hemisferio, la brecha entre la retórica estratégica y el despliegue real de capital hacia la riqueza mineral de ALC debería ser un llamado a la acción. Washington necesita los minerales que ALC posee, y los gobiernos de ALC necesitan el capital y la tecnología para desarrollarlos de manera responsable; sin embargo, los flujos de inversión privada estadounidense hacia el sector se han mantenido insignificantes mientras que los de China se han disparado. Es una brecha que no sirve ni a los intereses de Estados Unidos ni a los de ALC, y que unas políticas bien diseñadas por parte de Estados Unidos y de la región podrían cerrar.

Comparar a estas potencias económicas por subsectores permite una evaluación más matizada. En la manufactura de transporte no automotriz (que abarca ferrocarriles, embarcaciones y aeronaves), China pasó de una presencia casi nula durante la mayor parte de la década de 2000 a superar brevemente la inversión estadounidense entre 2021 y 2023, cuando su promedio móvil alcanzó los 194 millones de dólares, más del triple del promedio estadounidense de 63 millones. Para 2024, sus respectivos niveles de inversión en este sector eran prácticamente iguales. Si bien este sector sigue siendo pequeño en términos absolutos en relación con los segmentos automotriz o minero, el cambio de dirección es notable: un ámbito de dominio estadounidense indiscutido refleja ahora una presencia competitiva china. La ilustración más clara de cómo China cierra la brecha competitiva está en el sector automotriz, donde una ventaja estadounidense de más de cuatro a uno sobre China a mediados de la década de 2000 (con un promedio estadounidense de 2.700 millones de dólares al año en términos de promedio móvil) se convirtió en paridad en 2024 (con un promedio móvil chino de 2.600 millones frente al promedio estadounidense de 2.500 millones).

En transporte y almacenamiento, incluidas las inversiones en puertos y aeropuertos, Estados Unidos mantuvo una posición indiscutida hasta 2018 frente a una inversión china casi nula. A partir de 2019, China se disparó hasta un promedio móvil de 1.700 millones de dólares para 2020, superando brevemente a Estados Unidos antes de moderarse. El episodio demuestra que China tiene tanto el capital como la intención estratégica de construir presencia logística en la región cuando las oportunidades se alinean, una dinámica que se expresa de forma más visible en el Puerto de Chancay en Perú, donde la empresa estatal china COSCO Shipping construyó un megapuerto por 3.500 millones de dólares.

En la medida en que los responsables de políticas públicas estadounidenses quieran ampliar su presencia estratégica en América Latina, deben observar dónde está ganando terreno China en subsectores estratégicos como los ferrocarriles, los puertos y aeropuertos, la minería y la manufactura automotriz en toda ALC, y considerar la posibilidad de incentivar la inversión estadounidense. Por supuesto, no todos los subsectores han registrado tales avances de China frente a la inversión estadounidense. Estados Unidos mantiene ventajas abrumadoras en los subsectores intensivos en mano de obra e intensivos en conocimiento que generan el mayor empleo y las mayores externalidades de innovación. También sigue siendo dominante en los subsectores intensivos en empleo de alimentos y bebidas y de turismo, así como en los intensivos en conocimiento de software y servicios de TI, servicios financieros y servicios empresariales.

Evaluación del impacto de la inversión estadounidense en ALC

Tras haber establecido hacia dónde fluye la inversión estadounidense y cómo se compara con otro gran inversionista, la pregunta que más importa a los gobiernos de ALC es qué produce esa inversión sobre el terreno.

La evaluación de impacto de esta sección combina dos enfoques. Cuando es posible, se apoya en datos de IED greenfield para cuantificar los efectos de la inversión estadounidense en el empleo, el capital y los distintos sectores de ALC. Esto se complementa con ejemplos de empresas estadounidenses que operan en la región, los cuales ilustran los mecanismos concretos que se encuentran detrás de esas cifras agregadas. Los estudios de caso se basan en la información que las propias empresas reportan sobre sus actividades e impactos.

1. Impacto en el empleo y su calidad

La inversión extranjera directa —independientemente de su origen— ha generado aproximadamente 5,5 millones de empleos directos en ALC en las últimas dos décadas, lo que constituye el 4 por ciento del empleo formal de la región.5OCDE, “Assessing the Socio-Economic Impact.” En cuanto a los mayores contribuyentes a la creación de empleo mediante la IED greenfield, las empresas de la Unión Europea y de Estados Unidos se destacan como las mayores generadoras de empleo extranjeras en ALC (véase la figura 7). Las empresas estadounidenses han creado 1,47 millones de empleos desde 2006, mientras que las empresas de la UE crearon 1,5 millones de empleos mediante IED greenfield.6Las cifras de empleo provienen de la base de datos fDi Markets del Financial Times, que recopila datos a nivel de proyecto sobre inversión de capital y empleos creados. Cuando no se dispone de cifras directas, el empleo se estima mediante una metodología propia estandarizada. Es importante señalar que, durante la última década, la inversión estadounidense generó un 15 por ciento más de empleos en ALC que en la década anterior. Aunque muy lejos de los niveles de creación de empleo de la UE y de Estados Unidos en términos absolutos, la contribución de China a la creación de empleo aumentó un 132 por ciento entre los dos períodos analizados, lo que refleja su importante incremento en IED greenfield.

Más allá del número total de puestos de trabajo generados, una medida útil del impacto laboral de la IED es su intensidad: el número de empleos creados por cada mil millones de dólares invertidos (véase la figura 8). Aquí, la inversión estadounidense se destaca con mayor claridad. Entre 2016 y 2025, la IED greenfield estadounidense generó aproximadamente 3.091 empleos por cada mil millones de dólares invertidos en ALC, un 22 por ciento más de empleos por cada mil millones de dólares que la inversión de la UE, y un 65 por ciento más de empleos por cada mil millones de dólares que la inversión china. Esta posición es resultado de la enorme escala de su IED greenfield en ALC y de una combinación sectorial orientada hacia actividades intensivas en mano de obra. Si bien la energía y la infraestructura digital concentran hoy la mayor proporción del capital estadounidense en la región, la manufactura y los servicios siguen siendo los principales motores del empleo generado por Estados Unidos en ALC, ya que generan más del 80 por ciento de los empleos vinculados a Estados Unidos pese a representar solo el 62 por ciento del capital desplegado. Dentro de la manufactura, los sectores automotriz y de alimentos y bebidas son los mayores contribuyentes al empleo. Dentro de los servicios, Estados Unidos invierte proporcionalmente más que otros inversionistas extranjeros en software, servicios empresariales y comercio minorista, subsectores que generan sustancialmente más empleos por dólar.

Dos de los tres mayores empleadores privados de América Latina también están directamente vinculados al capital estadounidense: FEMSA, un enorme operador de bebidas y comercio minorista y embotellador de The Coca-Cola Company en la región, así como Walmart de México y Centroamérica (Walmex), el mayor minorista de México.7Finance Charts, “Biggest Employers.”

2. Impacto en la productividad y los encadenamientos productivos

Así como la IED puede desempeñar un papel crucial en la creación de empleo, también contribuye a la productividad y a los encadenamientos de la cadena de valor. La evidencia de la OCDE proveniente de una amplia gama de países de ALC muestra que las empresas extranjeras tienden a ser más productivas que sus contrapartes nacionales. De hecho, en veinticuatro de las treinta y una economías de ALC, las empresas extranjeras presentan un mayor valor agregado por empleado que las empresas nacionales.8Finance Charts, “Biggest Employers.” Estas ganancias de productividad se producen a través de la difusión de conocimiento, los encadenamientos de la cadena de suministro y una mayor competitividad. Sin embargo, un factor determinante clave es el enfoque sectorial de la inversión extranjera. Los sectores intensivos en capital, como la energía o la minería, son más productivos, pero la IED en estos sectores tiende a buscar recursos, lo que significa que las empresas extranjeras suelen operar con una integración limitada en las cadenas de suministro locales.

La manufactura, pese a exhibir una productividad laboral promedio más baja, ofrece un potencial sustancialmente mayor para los encadenamientos productivos. La IED en manufactura suele estar orientada a la eficiencia y estar integrada en las cadenas globales de valor (CGV), lo que crea mayores oportunidades para la difusión de tecnología, el desarrollo de proveedores y la mejora de las empresas locales. El sector automotriz ilustra esta dinámica con claridad: es la mayor fuente individual de empleo relacionado con la IED en ALC y está fuertemente concentrado en México, donde empresas estadounidenses como General Motors y Ford han construido profundas redes de proveedores locales a lo largo de décadas.

Esta distinción es importante al evaluar la inversión estadounidense. Como se mostró en la sección anterior, la inversión estadounidense se ha desacelerado en la manufactura durante la última década, mientras se ha expandido en energía e infraestructura digital. Desde la perspectiva de los encadenamientos productivos, este giro conlleva un costo, porque los sectores que ganan la mayor proporción del capital estadounidense son precisamente aquellos con el menor potencial de externalidades hacia las empresas nacionales, mientras que el sector con el mayor potencial de integración en las CGV ha visto disminuir el capital estadounidense tanto en términos relativos como absolutos. La excepción son los servicios digitales: las hiperescaladoras estadounidenses que invierten en centros de datos e infraestructura en la nube están empezando a generar nuevas formas de encadenamiento productivo a través del acceso a plataformas, los ecosistemas de desarrolladores y la demanda de habilidades que no existían en décadas anteriores. Algunos ejemplos incluyen las inversiones multimillonarias de Microsoft y Amazon Web Services en centros de datos e infraestructura en la nube en Chile, Brasil o México, que permiten a las empresas nacionales integrarse en las cadenas de valor digitales.9Business Wire, “Amazon to Invest.”

Para los gobiernos de ALC, las inversiones en infraestructura digital de las hiperescaladoras estadounidenses representan una nueva frontera de encadenamiento productivo, una que opera a través del acceso a plataformas y los ecosistemas de habilidades en lugar de las cadenas de suministro físicas. Para Washington, representan la extensión del liderazgo tecnológico estadounidense hacia la infraestructura digital del hemisferio, con implicaciones estratégicas que van mucho más allá de los retornos comerciales para cada empresa.

3. Impacto en la innovación y la transferencia de conocimiento

Una tercera dimensión de la calidad de la inversión estadounidense se refiere a su contribución a la innovación y la transferencia de conocimiento en ALC. La IED puede impulsar la innovación no solo dentro de las propias empresas extranjeras, sino en el conjunto de la economía, al introducir nuevos productos y procesos, transferir conocimientos técnicos y de gestión, y estimular la actividad local de I+D. La evidencia de ALC sugiere que las empresas extranjeras son sustancialmente más innovadoras que sus contrapartes nacionales. Según los Indicadores de Calidad de la IED de la OCDE, en veinticuatro de treinta y un países de ALC las empresas extranjeras tienen mayor probabilidad de introducir nuevos productos y, en veinticinco de treinta y uno, tienen mayor probabilidad de invertir en I+D.10OCDE, “Assessing the Socio-Economic Impact.”

Dentro de este panorama, la inversión estadounidense ocupa una posición distintiva. Su IED greenfield en ALC se concentra en sectores intensivos en tecnología y en conocimiento, que abarcan la manufactura de alta tecnología —como los productos farmacéuticos y la electrónica—, las industrias de tecnología media-alta —como los vehículos de motor y los productos químicos— y los servicios intensivos en conocimiento de alta tecnología, incluidos los servicios digitales y de tecnologías de la información y la comunicación. En la última década, Estados Unidos fue el principal inversionista en manufactura de alta tecnología, con el 32 por ciento de la IED greenfield en ese segmento.11OCDE, “Assessing the Socio-Economic Impact.” En los servicios intensivos en conocimiento de alta tecnología, la participación estadounidense fue más pronunciada, del 49 por ciento —casi el doble del 22 por ciento de la UE—, y su participación en esta categoría creció 21 puntos porcentuales en comparación con la década anterior. Por lo tanto, la inversión estadounidense no solo está presente en los segmentos más intensivos en conocimiento de la estructura productiva de ALC, sino que es cada vez más dominante en ellos.

El posicionamiento en la cadena de valor de la inversión estadounidense refuerza este hallazgo. Si bien la mayor parte de la IED greenfield en ALC se dirige a actividades productivas centrales, como la manufactura y la extracción, la IED estadounidense se destaca por su presencia desproporcionada en funciones de mayor valor: actividades corporativas estratégicas, I+D previa a la producción y actividades posteriores a la producción, como el marketing y los servicios posventa (véase la figura 9). Estas son las actividades que impulsan la transferencia de conocimiento, difunden las mejores prácticas de gestión y anclan los ecosistemas locales de innovación, y Estados Unidos lidera a todos los demás orígenes importantes de inversión en el despliegue de capital hacia ellas.12OCDE, “Assessing the Socio-Economic Impact.” Para las economías de ALC, atraer inversión en estos segmentos es central para mejorar su posición en las cadenas globales de valor y llevar a las empresas nacionales hacia una producción de mayor valor.

En lo que respecta específicamente a la I+D, el panorama general sigue siendo preocupante. Considerando todos los orígenes de inversión, solo el 1,37 por ciento del gasto de capital greenfield (CAPEX) total que fluyó hacia ALC entre 2016 y 2025 se destinó a actividades de I+D, muy por debajo, por ejemplo, del 3 a 4 por ciento que los inversionistas estadounidenses y de la UE asignan a I+D en sus carteras globales. La región aún no está captando la parte que le corresponde de la inversión en innovación que estas empresas despliegan a nivel mundial. Sin embargo, dentro de ese total restringido, Estados Unidos se distingue del resto (véase la figura 10). Los inversionistas estadounidenses destinaron el 2,49 por ciento de su inversión en ALC a I+D, por amplio margen la mayor proporción de cualquier origen importante de inversión, casi el doble del 1,26 por ciento de la UE, y más del triple del 0,68 por ciento de China. En términos absolutos, la inversión estadounidense en I+D en ALC alcanzó los 6.400 millones de dólares durante el período, superando a todos los demás orígenes.

El sector de dispositivos médicos en Costa Rica ofrece una ilustración de cómo la inversión estadounidense en I+D genera externalidades de innovación duraderas en ALC. Sede de más de un centenar de empresas multinacionales de tecnología médica, Costa Rica ha evolucionado de una base de manufactura a un centro de I+D, y aproximadamente el 40 por ciento de las empresas de dispositivos médicos que operan en el país realiza hoy actividades de investigación y desarrollo.13Medical Device and Diagnostic Industry, “Why Costa Rica.” Boston Scientific, por sí sola, opera en Costa Rica una división de I+D con más de 300 profesionales. El resultado es un ecosistema que se refuerza a sí mismo: las empresas estadounidenses trajeron la manufactura y luego la hicieron avanzar hacia el diseño y la I+D, impulsando junto con ellas a los proveedores locales, las universidades y las redes de talento. Los dispositivos médicos son hoy la principal categoría de exportación de Costa Rica, con 8.700 millones de dólares en exportaciones en 2024 y Estados Unidos como destino principal.14Tyler Berard, serie Executive Briefings on Trade.

Para los gobiernos de ALC, la inversión estadounidense representa una fuente confiable de externalidades de innovación entre los inversionistas extranjeros, y diseñar políticas que profundicen y amplíen esas externalidades se encuentra entre las inversiones de mayor rentabilidad que pueden hacer. Para Washington, el liderazgo en I+D de las empresas estadounidenses en ALC es evidencia de que la inversión estadounidense no solo hace avanzar los intereses comerciales, sino también el objetivo más amplio de construir un hemisferio donde la capacidad de innovación se concentre entre socios alineados con Estados Unidos. Ambas conclusiones apuntan en la misma dirección: hacia políticas que sostengan, profundicen y amplíen la presencia de la inversión estadounidense en América Latina y el Caribe.

Cómo capitalizar la inversión estadounidense en ALC

Implicaciones de políticas públicas para el gobierno de Estados Unidos

Para los responsables de políticas públicas estadounidenses, este informe ofrece tanto una validación como una advertencia. La validación es que Estados Unidos es, por amplio margen, el mayor inversionista extranjero greenfield de ALC, con décadas de relaciones comerciales y presencia del sector privado que abarcan prácticamente todos los sectores de la economía regional. Esa amplitud es un activo estratégico. La inversión estadounidense genera más empleo, más externalidades de I+D y más encadenamientos productivos que cualquier inversionista competidor, y lo hace a través de un modelo difuso e impulsado por el mercado que los competidores dirigidos por el Estado no pueden replicar con facilidad.

La advertencia es igualmente clara. En términos absolutos, la inversión estadounidense está abrumadoramente concentrada en México, Brasil y Guyana. Pero incluso medida en relación con el PIB, surge un problema más preciso: varias de las economías más estratégicamente relevantes del hemisferio —incluidas Perú, Chile y Argentina, países con importantes dotaciones de minerales, clases medias en crecimiento y una fuerte alineación política con Estados Unidos— reciben inversión privada estadounidense muy por debajo del promedio regional en relación con su tamaño económico. Más que un reflejo de la lógica de mercado, es una brecha entre hacia dónde va el capital privado estadounidense y dónde los intereses estratégicos de Estados Unidos requieren mayores inversiones.

China, entretanto, ha convertido la minería en su mayor categoría de inversión en ALC y está construyendo presencia logística y de infraestructura precisamente en estos mercados. En la manufactura automotriz y no automotriz y en la minería, la brecha competitiva entre la inversión estadounidense y la china se está estrechando. Los cimientos del liderazgo económico hemisférico de Estados Unidos son sólidos, pero no se sostienen por sí solos. Mantenerlos exige decisiones de política deliberadas.

Recomendaciones

1. Movilizar inversiones hacia más geografías y sectores estratégicos. Para sumar y ampliar socios en todo el hemisferio occidental, el gobierno de Estados Unidos debería desarrollar una estrategia coordinada de inversión en ALC que fije metas geográficas y sectoriales específicas entre las distintas agencias gubernamentales, entre ellas la Corporación Financiera Internacional para el Desarrollo (DFC), el Banco de Exportación e Importación (Ex-Im Bank), el Servicio Comercial de Estados Unidos, la Agencia de Comercio y Desarrollo de Estados Unidos (USTDA), la Corporación del Desafío del Milenio y el Departamento de Estado. Debería darse prioridad a las economías que son estratégicamente significativas pero que actualmente están desatendidas por el capital privado estadounidense en relación con su tamaño económico. Perú, Chile y Argentina se destacan, al medir la inversión en relación con el tamaño de cada economía, como los países donde la brecha entre la importancia estratégica y la intensidad de la inversión estadounidense es mayor, y donde un apoyo gubernamental focalizado podría desbloquear flujos de inversión que el mercado, por sí solo, no está generando. Considérense las economías centroamericanas, donde los intereses estratégicos de Estados Unidos en torno a la migración y la seguridad son altos, pero la inversión estadounidense ha disminuido en relación con el tamaño de sus respectivas economías; estas naciones representan un segundo nivel de prioridad geográfica, donde los instrumentos de la DFC y la USTDA podrían desplegarse para construir condiciones de inversión que el capital privado no creará de forma unilateral. Esta categoría excluye a Costa Rica.

La DFC puede utilizar su reciente recapitalización y su mandato geográfico más amplio para otorgar préstamos, garantías de préstamos, inversiones de capital o seguros de riesgo político a las empresas estadounidenses que ingresen a estos mercados estratégicos pero desatendidos. Para ser más costo-eficiente, la DFC debería aprovechar la experiencia regional, el conocimiento de la cartera de proyectos y el capital del Banco Interamericano de Desarrollo y de su brazo para el sector privado, BID Invest, cuya considerable capacidad de despliegue local podría ayudar a movilizar capital de manera más eficiente. Además, el Servicio Comercial de Estados Unidos opera oficinas comerciales en toda la región y tiene el mandato específico de conectar a las empresas estadounidenses con oportunidades comerciales en el exterior. Aumentar el personal, los recursos y la especificidad del mandato de las oficinas del Servicio Comercial en los mercados desatendidos de ALC mejoraría el entorno de información para las empresas estadounidenses que estén considerando ingresar a estas geografías.

2. Incentivar la creación de cadenas de valor de minerales críticos en ALC. El repliegue estadounidense de la minería en ALC, documentado en este informe, representa uno de los desajustes más marcados entre la retórica y el despliegue de capital. China ha ocupado parte de ese espacio, pero su enfoque ha sido predominantemente extractivo, al asegurar materias primas para su procesamiento interno en lugar de construir capacidad productiva en los países receptores.

Aquí es donde Estados Unidos tiene un posible factor diferenciador competitivo. La calidad demostrada de la inversión estadounidense y su capacidad para generar redes de proveedores locales, desarrollo de la fuerza laboral y transferencia de tecnología significan que el capital vinculado a Estados Unidos en el sector minero de ALC puede ofrecer algo que el de China no puede: industrialización, no solo extracción. En concreto, el gobierno de Estados Unidos debería utilizar la DFC y el Ex-Im Bank para financiar y facilitar no solo proyectos de extracción, sino también instalaciones de procesamiento, refinación y fabricación de componentes posteriores en la cadena en ALC, transformando las dotaciones de minerales en bruto en capacidad industrial que sirva tanto a las necesidades de la cadena de suministro de Estados Unidos como a los objetivos de desarrollo de ALC.

¿Por qué no simplemente desarrollar la creación de valor en Estados Unidos? Los minerales críticos presentan un caso específico en el que la seguridad de la cadena de suministro interna a corto plazo no puede depender únicamente de fuentes nacionales. Si bien Estados Unidos posee reservas minerales considerables, los plazos de obtención de permisos, las limitaciones de la capacidad de procesamiento y las estructuras de costos hacen que la extracción nacional por sí sola no pueda satisfacer las necesidades de la manufactura estadounidense al ritmo requerido. Construir capacidad de procesamiento y refinación en economías aliadas de ALC, donde los costos de extracción son más bajos y las reservas son vastas, no es una alternativa a la política industrial nacional, sino un complemento de ella: diversifica las cadenas de suministro para alejarlas del control chino, crea vínculos comerciales duraderos con socios del hemisferio y puede alimentar las instalaciones manufactureras estadounidenses con insumos procesados en lugar de enviar mineral en bruto a las refinerías chinas.

3. Sostener y acelerar la inversión estadounidense en infraestructura digital. Si bien las empresas estadounidenses lideran actualmente la inversión en infraestructura digital en ALC, las empresas chinas están empezando a desafiar ese dominio, como lo señala el anuncio de ByteDance. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 es explícita en este punto: Estados Unidos debe impedir que competidores de fuera del hemisferio posean o controlen activos de importancia estratégica en el hemisferio, y debería fortalecer las redes de comunicaciones cibernéticas existentes y futuras en toda la región utilizando estándares de seguridad estadounidenses. La infraestructura digital (que abarca centros de datos, plataformas en la nube y redes de telecomunicaciones) es precisamente la categoría de activos que describe la ESN.

Cuando los gobiernos y las empresas de ALC eligen la infraestructura estadounidense de nube y comunicaciones en lugar de las alternativas chinas, están tomando algo más que una decisión comercial: están eligiendo qué estándares tecnológicos, qué arquitectura de seguridad y qué marcos de gobernanza de datos de qué país definirán sus economías digitales durante décadas. Por lo tanto, el gobierno de Estados Unidos debería utilizar sus instrumentos de financiamiento para reducir la diferencia de costo entre las ofertas de infraestructura digital estadounidenses y chinas en los mercados desatendidos de ALC. Además, la USTDA también podría financiar estudios de factibilidad para un proyecto de centro de datos o de infraestructura en la nube, lo que construye directamente una cartera de oportunidades para las empresas estadounidenses.

Implicaciones de políticas públicas para los gobiernos de ALC

Los hallazgos de este informe dejan claro que la inversión estadounidense en ALC no es ni monolítica ni está distribuida de manera uniforme. En términos absolutos, tres economías dominan debido al tamaño del mercado, los recursos y distintas eficiencias de producción. Pero medida en relación con el PIB, surge una imagen más amplia e instructiva: Costa Rica ha atraído inversión estadounidense a intensidades que rivalizan con economías mucho más grandes al construir de forma deliberada condiciones específicas por sector, mientras que varias economías estratégicamente relevantes, entre ellas Perú, Chile y Argentina, reciben inversión estadounidense muy por debajo del promedio regional en relación con su tamaño económico. La brecha entre estos dos grupos no es principalmente una función del tamaño del mercado ni de la dotación de recursos. Es una función de las políticas públicas. Las recomendaciones que siguen se organizan en torno a cómo los gobiernos de ALC pueden pasar del segundo grupo al primero.

La inversión estadounidense tiende a fluir hacia donde los mercados son grandes, donde los recursos son abundantes o donde las empresas pueden encontrar eficiencias de producción. Esa lógica concentra el capital en grandes mercados y economías de recursos. Pero no es inmutable. El valor de la inversión estadounidense —desde el empleo que crea hasta los encadenamientos productivos y las transferencias de tecnología que genera— hace que valga la pena que los gobiernos de ALC adopten decisiones de política activas en lugar de una apertura pasiva.

Recomendaciones

1. Aprovechar el momento. El entorno de políticas en Washington hacia ALC está más explícitamente centrado en profundizar los lazos económicos hemisféricos de lo que ha estado en décadas. La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 orienta toda la gama de instrumentos estadounidenses de financiamiento y diplomacia comercial hacia la ampliación de la participación del sector privado estadounidense en la región, y la Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos de febrero de 2026 es una expresión concreta de esa intención. Esta es una ventana de oportunidad, y las ventanas se cierran.

Los gobiernos de ALC que recurran de forma proactiva a los instrumentos del gobierno de Estados Unidos tienen mayor probabilidad de captar los flujos de inversión que dichos instrumentos están diseñados para movilizar. La DFC puede otorgar préstamos, capital y seguros de riesgo político a las empresas estadounidenses que ingresen a mercados desatendidos. La USTDA puede financiar estudios de factibilidad que reduzcan los costos de transacción del ingreso al mercado estadounidense. El Ex-Im Bank puede financiar las exportaciones estadounidenses de equipos y tecnología que anclan compromisos de inversión mayores. Pero estos instrumentos requieren contrapartes gubernamentales en ALC que comprendan lo que cada uno puede hacer, que hayan identificado proyectos específicos que califiquen y que participen activamente en los canales bilaterales a través de los cuales se construyen las carteras de proyectos. Los gobiernos que presenten a estas instituciones propuestas de proyectos bien estructuradas, respaldadas por marcos regulatorios creíbles y condiciones de inversión claras, superarán de forma sistemática a aquellos que participan de manera reactiva o que no lo hacen en absoluto. La combinación de los instrumentos del gobierno de Estados Unidos reduciendo la fricción por un lado y los gobiernos de ALC reduciéndola por el otro es precisamente lo que se necesita para redirigir el capital privado estadounidense hacia los mercados y sectores que actualmente reciben muy poco de él.

2. Desarrollar políticas de atracción de inversión sectoriales basadas en la ventaja comparativa. Cada gobierno necesita evaluar con honestidad qué tipo de inversión estadounidense está realistamente en condiciones de atraer, dado su tamaño de mercado, su dotación de recursos y las competencias de su fuerza laboral, e identificar los sectores específicos donde las empresas estadounidenses tienen una demanda insatisfecha y donde el país tiene, o puede construir, una ventaja comparativa creíble. Una economía pequeña de Centroamérica quizás no compita por inversión que busca mercados en bienes de consumo o servicios financieros, pero puede competir eficazmente por inversión manufacturera orientada a la eficiencia o por inversión en servicios tecnológicos si construye las condiciones adecuadas. Este tipo de posicionamiento por sector es lo que distingue a los países que han rendido por encima de su peso en la atracción de capital estadounidense de aquellos que no lo han hecho. La intensidad superior al promedio de la inversión estadounidense en Costa Rica en relación con el PIB no es accidental: refleja apuestas deliberadas por sectores específicos (dispositivos médicos y servicios tecnológicos) que crearon ecosistemas que se refuerzan a sí mismos con el paso del tiempo.

Identificar los sectores adecuados es necesario, pero no suficiente. Los gobiernos también necesitan reducir de forma activa los costos de información y de transacción que hacen que el ingreso resulte poco atractivo para las empresas estadounidenses. Esto implica agencias de promoción de inversiones que vayan más allá de la marca país para ofrecer el desarrollo de una cartera de proyectos específicos, procesos de ventanilla única para licencias y permisos, y una vinculación bilateral directa con las asociaciones industriales estadounidenses en los sectores objetivo. La lección de Costa Rica es que la capacidad de promoción de inversiones específica por sector, respaldada por el desarrollo de carteras de proyectos y la vinculación con la industria, genera retornos que las campañas genéricas de mercadeo nacional no pueden replicar.

3. Competir en calidad institucional para atraer inversión que busca eficiencia. En la medida en que un gobierno identifique la inversión orientada a la eficiencia como su política deseable, este informe muestra que este tipo de inversión estadounidense tiene los mayores retornos para el desarrollo, pero también es la más sensible a la calidad del entorno de inversión. Las empresas estadounidenses que ubican operaciones orientadas a la eficiencia en el extranjero asumen compromisos de largo plazo que requieren reglas predecibles, contratos exigibles e infraestructura confiable.

Para los gobiernos de ALC, competir en calidad institucional significa priorizar un conjunto específico de reformas que los inversionistas estadounidenses identifican de forma sistemática como barreras de entrada: marcos de protección de la propiedad intelectual que satisfagan las expectativas de los inversionistas estadounidenses, regímenes de incentivos fiscales transparentes y estables para los sectores objetivo, mecanismos creíbles de resolución de disputas que reduzcan el riesgo percibido de un compromiso de largo plazo, y sistemas de gobierno digital que reduzcan la fricción burocrática en las licencias y los permisos. Estas son variables concretas que determinan si una empresa estadounidense elige un mercado sobre otro cuando las ventajas naturales son comparables. Los gobiernos deberían comparar su entorno de inversión con el de líderes regionales como Chile y Costa Rica, identificar las brechas específicas que más importan a los inversionistas estadounidenses en sus sectores objetivo, y secuenciar las reformas en consecuencia, en lugar de perseguir amplias agendas de clima de inversión que tardan una década en producir resultados visibles.

Agradecimientos

Los autores desean expresar su sincero agradecimiento a Carlos Daniel Jimenez y Saul Pineda, de la Universidad EIA en Colombia, por su colaboración en la investigación y su extenso análisis de datos. Asimismo, un agradecimiento especial al Consejo de Empresas Americas (CEA Colombia) y a las Cámaras de Comercio Americanas (AmChams) en Colombia, Brasil y Chile, por sus aportes y valiosas perspectivas sobre la inversión estadounidense en sus respectivos países. Además, un agradecimiento especial a Jason Marczak, Ignacio Albe y Enrique Millán-Mejía por su orientación y asistencia editorial. Los autores también desean agradecer a Coca-Cola Latin America por su apoyo a este proyecto.

Este informe fue redactado y publicado de conformidad con la política de independencia intelectual del Atlantic Council, que exige que todos los donantes acepten que el Consejo mantenga el control independiente del contenido y las conclusiones de su trabajo. Los relatores son los únicos responsables de este análisis y de sus recomendaciones.

Bibliografía

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